En este artículo quisiera mencionar la tremenda alegría que entregan los payasos callejeros. Individuos que se dedican a entregar instantes de felicidad, ya sea en una plaza, en el bus, o en una playa.
Noble misión la que han emprendido. No debe ser fácil sacar sonrisas en medios tan hostiles como las grandes ciudades. Por eso mi gratitud y admiración hacía ellos, que en muchas oportunidades me han sacado carcajadas, y en otras tantas me han dejado con el estómago adolorido de tanto reír. Sin duda, hay un valor muy grande en cada uno de ellos, y de alguna manera con sus chistes y parodias, entregan y dan algo casi tan importante como el amor; el humor, esa energía especial que puede demoler hasta el instante más duro o dramático. Por eso hay que respetar a estos profesionales de la calle, que se ganan el día a día, con sacrificio y con mucho, mucho humor.
Alejandro Zavala
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